A los minutos uno empieza a sospechar que está frente a una de esas
películas que cosecharán elogios, premios y será la
sensación de cuanto festival no se nos atraviese. Y no me equivoqué.
No. No es que es haga
menos el cruel tema de un niño abusado sexualmente por un sacerdote.
Por-un-sa-cer-do-te. Por alguien que le debería representar guía y seguridad,
no dolor y desgracia. No es eso.