Por Joaquín Peña Arana
Trabajo en una oficina donde ya está ocurriendo el cambio generacional.
Somos pocos quienes formamos parte de lo que llamarían “la vieja guardia” o “la vieja escuela”. Estamos bien. La nueva generación, y quienes todavía permanecemos, hemos llegado a un punto de entendimiento en cuando al trabajo se refiere. Mas no así en otros temas. El cine es uno de ellos.
Escuché por accidente una conversación
entre dos compañeros jóvenes. Uno le decía al otro que acababa de ver
Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Los comentarios entre ellos fueron del tipo
“me aburrió” o que le pareció “más o menos”. Claro que me sorprendió ese
menosprecio pero, después, recordé que no solo he escuchado ese tipo de
expresiones a lo largo de mi vida adulta sino, además, yo también las asumí
ante las películas que llamamos “clásicos”.
El cine es aprendizaje. Como cualquier
otro arte. Apreciar cine es como apreciar pintura, escultura, música. Se puede
disfrutar sin mayor antecedente pero, a veces, se requiere de un, digamos,
entrenamiento previo. Me cito como ejemplo. Vi Viridiana de Luis Buñuel cuando
era adulto joven y no pude entender su estatus de gran obra de la
cinematografía. Lo mismo me ocurrió con El Tercer Hombre, de Orson Welles. Y
así podría mencionar otras tantas.
A veces me he preguntado cuál sería el
impacto de las nuevas generaciones si vieran Metrópolis, Napoleón de Abel
Gance, El Nacimiento de una Nación, Nanuk el Esquimal o el Acorazado Potemkin.
Ya no digamos las películas de Tarkosvky, de Berman, de Fellini o las del Indio
Fernández o los hermanos Rodríguez. No como ruido de fondo, sino tomando
asiento y la mirada en la pantalla. ¿Las aguantarían?
Me ha tocado estar en la oficina y ver cuando,
al momento que en la tele inicia alguna película de las llamadas clásicas del
cine mexicano, de inmediato le bajan al volumen. Muy ocasionalmente he visto
que la apagan. Tengo 58 años. Y me considero todavía en aprendizaje. Me falta
por ver mucho cine. La ventaja que tengo a mis años es que no tengo prisa. Así
que puedo seguir descubriendo, redescubriendo. Aprendiendo. Y sí, puedo volver
a ver Encuentros Cercanos del Tercer Tipo una y otra y otra vez. La vi en su
momento, cuando era niño. Y tengo esa ventaja con relación a las nuevas
generaciones, quienes disfrutan y qué bueno, de otro tipo de cine, de series,
de obras visuales, y tienen a disposición cuantas opciones quieran, pero nunca
sabrán lo que fue ir al cine y asombrarse por vez primera ante La Guerra de las
Galaxias, Encuentros Cercanos, Tiburón, Volver al Futuro o El Exorcista. Era
ver algo que jamás habíamos presenciado. Era maravillarse con lo que en la
pantalla se mostraba.
Tuvimos capacidad de asombro. Esa que, al
parecer, se está perdiendo poco a poco.

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