Por Joaquín Peña
Arana
Una impaciente Lois Lane le pregunta a Mr. Terrific “¿tienes un platillo volador y no puedes conseguir una puerta para cochera más rápida?”.
Algo así me pregunté
a lo largo de la película. Y no solo una, sino varias veces.
(A PARTR DE AQUÍ, HAY
UNA GRAN CANTIDAD DE SPOILERS)
Para empezar, este
Supermán sí sangra. Y eso queda establecido desde el principio. También se le
mancha y desgarra la ropa. Y tan vapuleado puede quedar que su única salvación
es un perro. Ya sé que no es cualquier perro. Es Krypto. Ni más ni menos. Por
cierto, no le hace mucho caso que digamos, pero le obedece en las partes
esenciales, como llevarlo a La Fortaleza de la Soledad, por ejemplo.
Este Supermán sí que
salió humano, demasiado humano. Tan humano, que se pelea con la novia, es
indeciso, no puede moderar sus emociones, es muy sensible al hate de las redes
sociales, ah, pero eso sí, ama a los animales como no tenemos idea. Igual salva
a un perro que una ardilla de que no les vaya a pasar algo mientras se enfrenta
al monstruo gigante. También salva personas, y hasta le da la espalda al
monstruote para preguntar ¿están bien?
Por cierto, ¿de dónde
sacaron eso de que los papás biológicos de Kal-El salieron supremacistas, o algo
así, y salvarlo de la destrucción de Krypton no fue nobleza sino un maquiavélico
acto de conquista espacial. Porque, también, en esta entrega el papá adoptivo
sí está vivo, y no como en las protagonizadas por Christopher Reeve o Henry
Cavill. Y, volviendo con Krypto, recuerden que Supermán del 2025 se lo quiere
llevar para que no mate las vacas de su papá. ¿O sea que, de plano, sí le puede
silbar para que vaya a donde esté pero no lo puede controlar? Alguien dirá que
eso se puede explicar porque el perro no es suyo. Se lo encargaron. Ya
hablaremos de eso al final.
Lex Luthor es todo un
genio capaz de crear universos de bolsillo
y tener a su servicio tecnología de punta y decenas o cientos de
personas en la nómina. De acuerdo. Pero, ¿qué Lex Luthor es este que puede ir a
un programa, decir que lograron descifrar un mensaje de los papás de Supermán, difundir
las funestas y oscuras intenciones que en realidad tenían para salvar a su
hijo…y que la gente se lo crea sin
chistar, y del amor pasen al odio así de golpe? Aunque, pensándolo bien, ¿no es
justo eso lo que ocurre en la vida real? Y hablando de Luthor, no entiendo
todavía bien a bien la parte en que tiene todo un mundo de recursos
tecnológicos a su alcance pero no sabe qué hace a sus espaldas su novia Eve
Teschmacher, la cual resulta una tipa fría, calculadora y traicionera. ¿Cómo
está eso de que se le sale de la oficina y ni cuenta se da o que habla con
quien quiera y no tiene hackeado su celular?
Confieso que estoy
muy atrasado con los cambios del Universo DC, pero me desconcertó que los
metahumanos tengan una actitud mamona y pendenciera, y que Linterna Verde ahora
es güero, fortachón y parece que no quiere pagar por un buen corte de pelo. ¿Y
era necesario que Linterna Verde mostrara el dedo cordial en la batalla por
Boravia cuyo pueblo, por cierto, como que no tiene redes sociales o no se dejan
influir tanto por ellas, porque ahí sí quieren a Supermán, y les importa un
bledo lo que Luthor o influencers tengan qué decir.
No he visto
Supergirl, así que no puedo explicar qué manejo le están dando al personaje en
la actualidad, pero si quieren mostrar en esta entrega a una Supergirl borracha
o cruda, que viene de farra, le encargó a su primo que le cuide el perro y de
paso le dice bitch como forma de gratitud, pues… es su rollo. ¿Eso quieren?
Pues eso tengan.
Está bien. Está bien.
Soy yo el que está fuera de onda. Estamos en otra época y este Supermán parece
que va muy de acuerdo a ella. Los más de 600 millones de dólares que ha
recaudado, pues, parecen prueba de lo anterior.
Ustedes síganle con
su Supermán. Yo me quedo con Chris y Henry.

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