lunes, 22 de septiembre de 2014

LUCY




Por Joaquín Peña Arana

Yo, desde un principio, pensé algo así como “Besson, nunca cambies”. Al menos, esta vez, nada tengo que reprocharle.

¿Qué es Lucy? A simple vista una especie de discurso megaloide con tintes pseudocientíficos en torno a una teoría inverosímil. Veamos: en un solo filme caben Scarlett Johansson, mafiosos, balazos, ejecuciones, teorías, narcotráfico, mente avanzada y una pregunta: ¿qué pasaría si, en verdad, utilizáramos nuestro cerebro al cien por ciento?

Vamos a conceder lo que nos dice Besson. Vamos a creerle todo y meternos en el filme: la historia de una mujer común, anglosajona, que se la pasa de reventón en algún punto de Asia y de golpe está en medio de una organizada mafia de tráfico internacional de drogas. Tiene mucho de lo que ya le sabemos a Besson, ¿no? Y qué tal la inesperada metamorfosis del personaje de Scarlett.  Entre seguidores y/o críticos de Besson despertó el irremediable referente de estar ante un refrito de otras películas suyas, sea Nikita o El Quinto Elemento.

Está bien, Besson. Me la creo a como lo estás planteando. Creo que la inteligencia quita lo piadoso y por eso Scarlett mata sin miramientos porque actúa con base en la circunstancia y la necesidad de resolución en el instante del conflicto. Le van quedando pocos sentimientos porque el saber, las habilidades, el crecimiento intelectual se vuelven irrefrenables con cada dosis de cuadritos azules a ingerir. Para Lucy, ahora, la misión es el conocimiento. El saber. A cualquier precio.

Contra lo que otros digan, yo vi un filme con cuestionamientos interesantes y profundos. No durante todos sus 89 minutos, sino ya en la parte final.  ¿Es la inteligencia la clave del todo? Porque el dominio absoluto del cerebro hace que Lucy no tenga límites: alterar la materia, controlar energías, viajar por el tiempo y conocer a la otra Lucy en un sublime encuentro con la primigenia humanidad. La cuestión, al final de Lucy es simple pero determinantemente sobrecogedora: si logramos aprovechar la totalidad del potencial de nuestro cerebro ¿tendremos como único destino convertirnos en Dios?


Si otros salieron echando pestes, yo salí en estado reflexivo que duró un par de días y todavía tiene sus recurrencias. Del resto, pues, qué les puedo decir: Luc Besson dirige con maestría. Si eligió a Scarlett nomás porque está bien buena, pues qué tiene, ella es más que eso. Min-sik Choi y Amr Waked, impecables en sus respectivos roles y Morgan Freeman, pues, sigue siendo muy bueno interpretando a Morgan Freeman. 


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