domingo, 23 de junio de 2013

CUENTOS DE HADAS PARA DORMIR COCODRILOS






Por Joaquín Peña Arana


Cuando la vi por primera vez me sentí estafado. Después, cuando me enteré que había arrasado con los arieles del 2002 (se llevó seis y fue candidata en otras siete categorías) pensé que, a lo mejor, no le puse la atención debida. En otras palabras: el wey era yo.

domingo, 2 de junio de 2013

EL GRAN GATSBY (THE GREAT GATSBY)






Por Joaquín Peña Arana 


Soy de la opinión que las películas deben valer por ellas, no por los nombres. Pero en el cine son otras las reglas a seguir y, a veces, no queda más que obedecerlas. En lo que a mí respecta, después de Romeo+Julieta, Moulin Rouge y Australia, ya sospechaba lo que Buz Luhrmann me tenía preparado.

PENSÁNDOLO BIEN...





Por Joaquín Peña Arana 


Tiene razón Javier Dragustinovis. 

Dragustinovis es periodista, artista visual y amigo mío.  Estábamos con amistades mutuas (y a la par, colegas en un proyecto editorial) cuando  salió a colación mi comentario de la semana pasada sobre Nosotros los Nobles. Javier, con esa capacidad que tiene para ver el vaso medio lleno, hizo una buena observación.

Sí, Nosotros los Nobles podrá tener sus fallas, pero posee una enorme virtud: generó interés por el cine nacional.  No es un secreto el profundo rechazo que las películas mexicanas producen en buena parte de los espectadores en nuestro país. Es paradójico y contradictorio, pero real.  "Hey, suena bien esa película. ¿Eh, es mexicana? No, olvídalo, guácala, puras maldiciones, encuerados y violencia o seguro está aburrida hasta la muerte. Qué chafa. Mejor vamos a ver esa, la de los rápidos y furiosos o la de Stallone", y ahí va la gente, rindiéndole gustosa el culto a lo gringo.  Yo no soy partidario de ir a ver cine mexicano por apoyarlo o por sentirme nacionalista. No por mala onda, sino que soy cinéfilo:  voy a cine porque me atrae, no por filiación partidista. He sido capaz de ver la película más rara sea de la nacionalidad que sea y, a veces, en los horarios más extraños. 

Pero tiene razón Dragustinovis. Hay mérito en que una película taquillera mexicana rompa con el asfixiante monopolio cinematográfico estadounidense. 

Más aún.  Coincidencia o no, en la cartelera de la semana pasada había TRES películas mexicanas: Nosotros los Nobles, Canela y 5 de Mayo.  Sí, dirán que ni que fueran las cintas que cambiarán el rumbo de la cinematografía nacional, pero que ocurra eso no está en chino sino en esperanto.  Y sí, duraron un suspiro en la cartelera, pero llegaron a la exhibición.  Cuántas más se quedan en el camino.  Y a la par, si hay más cine mexicano, hay más oferta, más opciones de trabajo, más posibilidades de generar crecimiento en un sector tan vilipendiado.  Sí, es importante que existan más películas nacionales en cartelera pero, a la par, sería ideal un incremento en el 
número de espectadores. 

Y no podemos decir que la gente no vaya al cine. Según datos de la revista TOMA, en el 2012 hubo más de 228 millones espectadores en las alrededor de 5 mil 300 salas del país.  La cinta más taquillera del año pasado fue Los Vengadores, con cerca de 16 millones de espectadores. La mexicana más taquillera fue la de Colosio, con un millón 191 mil espectadores. Está caramba la diferencia. 

Ya para terminar: la manufactura de Nosotros los Nobles es buena, lo que cuestioné fue su irracional éxito y su guión. Pero si va a provocar algo bueno para todos, adelante pues. Ya me tomaré otra bebida con maracuyá.