lunes, 13 de junio de 2016

EN DESCARGO DE WALT DISNEY




Por Joaquín Peña Arana


Será que jamás he visto Bambi. 

Como millones, crecí bajo el influjo de Disney: películas, libros, revistas, series de televisión, piñatas, juegos mecánicos. En aquel tiempo, un tiempo de niño, me pareció lo normal. Era lo que había. 

Fui - o me llevaron - a ver Dumbo, Pinocho, Blanca Nieves, La Espada en la Piedra, Bernando y Bianca, ¡Bernando y Bianca!, no sé por qué pero con esa película aluciné, más que con cualquier otra, más que con Mickey o Donald o Pluto. También recuerdo haber visto las películas con "personas de verdad" y en las que aparecían dibujos animados interactuando - ¿la del dragón, cómo se llama la del dragón? - y aquellas de Kurt Russell y Jodie Foster cuando eran parte del disneyelenco infantil.

Recuerdo haber visto las series de Disney en la tele, aquello de "el mágico mundo del color" y me entretenían, aunque los documentales de animales me parecían aburridas.  Tuve una especie de cámara-proyector que reproducía, silente, partes de Blanca Nieves, había que ver por una mirilla a contra luz de un foco. Se podía jugar a que la acción fuera hacia adelante y hacia atrás. 

Con el tiempo, Disney quedó atrás.

En algún momento de mi vida llegó Mafalda. La disfruté horrores. Conseguir los libritos de la colección era una hazaña. Ya se imaginarán la emoción cuando aparecieron las primeras ediciones especiales - el Todo Mafalda siempre fue para mí el más anhelado pero, a la vez, más alejado de mi bolsillo - y en algún momento pasaron en la tele la película. Ah cómo me gustaba cantar el tema ¡Ma-fal-da-ma-fal-da-ma-fal-da! Vi entre mis amistades de entonces réplicas de Susanita, Manolito, Felipito, Miguelito. No recuerdo que la llegada de Mafalda a mi vida me hiciera repudiar a Disney. Quizás porque Disney estaba ya en otra parte, en un pasado remoto, infantil.

Más o menos al mismo tiempo que arribó Mafalda a mi vida llegó Rius y ahí me tienen buscando ejemplares de Los Agachados y comprando el Cuba para Principiantes, A B Ché, La Vida de Cuadritos y casi todo lo que se me atravesó.  Con el tiempo (y por motivos que son de otro tema) Rius se fue de mi vida para siempre. Mafalda sigue ahí, de vez en cuando retorno a ella. Y Disney, pues, nada. Sencillamente nada. Sólo una etapa de niñez. 

Disney no traumó mi infancia. ¿Por qué tendría que haberla traumado?






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