domingo, 29 de mayo de 2011

TRÁFICO HUMANO (HUMAN TRAFFICKING)






     Por Joaquín Peña Arana


  Definitivamente es el tipo de película de la que no se ocupan especialistas en cine. Para empezar, ni película es, sino miniserie. Actúan Donald Sutherland, Mira Sorvino y Robert Carlyle, entre otros. A primera vista suena a discurso panfletario, de esos que parecen decir “no te portes mal, ayuda al mundo a ser mejor”, etc. etc. etc.  Pero el asunto es simple: ¿y si fuera alguien cercano a ti a quien esclavizaran?

     Porque si para algo somos buenos en esto de vivir en sociedad es mostrar indiferencia. No estoy sugiriendo que vayamos en bola a irrumpir en las fábricas o antros de vicio para rescatar a mujeres explotadas, vamos, ni las mismas organizaciones feministas que dicen defenderlas lo hacen. Pero ante la brutalidad de la naturaleza humana ¿qué nos queda? Mínimo, mostrar algo de sensatez.

   En el caso que nos ocupa, esta miniserie fue estrenada en el 2005, es de manufactura canadiense y la trama transcurre en cómo secuestran mujeres de la Europa Oriental y Filipinas son llevadas a Estados Unidos para su explotación sexual. ¿Poca cosa? Paralelamente, se cuentan varias historias, una de ellas es la del padre ruso que se interna a ese mundo de depravación en busca de su hija y, por otra parte, están los “buenos”, la agencia investigadora ICE, de Estados Unidos, quienes le siguen la huella a la organización internacional y su cabecilla. ¿Poca cosa?

    Es que, la verdad, este tipo de temas suelen darle hueva a los intelectuales y críticos. Si no dirige alguno de sus directores preferidos – del tipo provocador estilo Irreversible - o actores y actrices de certamen o cine independiente, el ninguneo es definitivamente feroz. ¿Sabes qué?, ¡a la tiznada todo eso! Olvidemos que es canadiense, olvidemos a Sutherland, Sorvino y los demás.  Démosle concesiones y perdonemos sus yerros o miscasting, sus fallas argumentales y vamos más allá: ¿nos sirve de algo una película como Tráfico Humano?

    El mérito es el tema y la forma y fondo para abordarlo. Comercial o no, hollywoodense o no, el tema es tan real y contemporáneo que lo tenemos a la vuelta de la esquina, si queremos verlo.  Si esta vez los objetos a comerciar son mujeres del viejo continente, igual se aplica para la explotación que sufren latinoamericanas. Y del diario.  

    El personaje de Mira Sorvino lo dice, palabras más palabras menos: Estados Unidos es el mayor consumidor de tráfico humano en el mundo.   Los estadounidenses deberían pensar más seguido en verse en el espejo.  Y nosotros, no pensar que somos impecables y diamantinos. A la otra que vaya a un congal o pida a una prostituta por teléfono, haga lo que quiera,  sólo pregúntese si ella es libre. 




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