viernes, 8 de julio de 2011

INTOLERANCIA (INTOLERANCE)







    Por Joaquín Peña Arana  


    Tras ver Intolerancia, lo primero que me asaltó la mente fue  preguntarme: ¿estamos hablando del mismo D.W. Griffith que filmó El Nacimiento de una Nación y convirtió a los del Ku Klux Klan en los héroe de esa película? Bueno, parece haber una explicación.

  Pero examinemos primero a Intolerancia. Griffith se tomó muchas, demasiadas molestias  para evidenciar, en cuatro historias, que eso de la poca tolerancia está mal, muy mal.  Me llamó la atención lo duro que fue con las señoras de buena conciencia, las que prohibieron el alcohol y los bailes e iban de puerta en puerta buscando niños a los cuales arrebatar de sus malas madres.  Por un lado Griffith es rudo, rudísimo con el stablishment de su época pero, ah, cuando reproduce a la Babilonia desenfrenada, qué tal esas mujeres con velos traslúcidos o el besote que se da el rey Baltasar con el  Varón Esforzado y Valiente, además lo que me falta por ver. Yo sólo tuve acceso a una versión de 126 minutos (la película original es de 3 horas y media aunque hay versiones de andan por ahí de 163, 176 y 197 minutos, entre tantas).

   Por supuesto que no puedo dejar a un lado referirme a su espectacular gigantismo. Desde el principio queda establecido que, como espectadores, nos tendremos que acostumbrar a ver la utilización de cientos de extras y  monumentales escenografías. En lo técnico,  hay mucho por decir pero me limitaré a mencionar los efectos especiales de montaje bastante elaborados  (particularmente en la crucifixión y en las escenas finales) además de travelings, primeros planos , ¡ah!, y la famosa  toma aérea de las fiestas babilónicas (dicen que la hicieron desde un globo aerostático), les quedó una chulada. 

    Pero ¿por qué el hombre que creó una película para enaltecer a los ku klux klanes  filmó después Intolerancia? De acuerdo a las crónicas, precisamente para sacarse la espina de lo mal que le fue por ponerlos como héroes.  A la distancia, aportó una película maravillosa que influyó enormemente a futuras generaciones pero le salió muy caro.  Se estima costó alrededor de 2 millones de dólares ¡en 1916! Griffith no volvió a realizar filmes de colosal producción. 

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